lunes, 2 de junio de 2014

Hace tiempo descubrí lo que es dormir dos en una cama pequeña, no encima pero si al lado. 
Lluvia en los cristales y el aire intentando ser aire, escapando de la contaminación.
Vieron como me marchaba y yo me sentí marchar y después cuando el tren aceleraba me dí cuenta de lo que es saber que hay un punto y final después de un intento desesperado.
Hay veces que es necesario que te echen de la vida de alguien en vez de marcharte siempre tú, y hasta que no te echan no sabes el dolor que se siente, aunque siempre tuve la suerte de sufrir durante poco, pero recordar durante mucho.
Y como diría Álvaro Laguna, hoy yo "me he tirado a un charco infectado de recuerdos del pasado" y aunque suene absurdo me gusta saber que nadie que me haya acariciado ha pasado sin dejarme su huella.

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Sorvitos de esencia del ayer.