Ella creía que la tormenta salía de su pecho,
tronaba de dentro hacia fuera,
llenaba canalones de inseguridades y miedos.
Y aún con tanto hambre, solo quería comerse un pedacito pequeño,
luego otro más grande y así hasta comerse
el mundo.
A pesar de todo ella se escondía bajo sus palmas,
lloraba de miedo y esa tormenta hacía que no tuviese miedo de que el mundo se la comiese.
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Sorvitos de esencia del ayer.