Que no te equivoque la vida,
no confundas,
sigo siendo yo.
Mírame dentro, búscame,
sigo ahí.
Desnúdame y déjame la ropa,
recuerda que somos dos desconocidos,
amándonos,
al menos yo;
pero tú callas y entonces otorgas
-creo que tú también me amas-.
Sabes que sigo, no me va a comer la vida,
confía en mi, como siempre,
mírame valiente
y cógeme la mano.
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Sorvitos de esencia del ayer.