miércoles, 28 de octubre de 2015

Estaba tan raída por dentro,
tan deshecha que no había forma de cogerla.
Y yo la miraba con cara de pena, compadeciéndome de su tristeza reída.
Pasó el día, la noche y casi la vida y ella seguía ahí tendida,
dejando que el sol la seque.
Mirando confusa la vida y citando a Miller gritaba:
"Una vez has entregado el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, incluso en pleno caos.
Nunca ayudé a nadie con la esperanza de que sirviera de algo; ayudaba porque no podía dejar de hacerlo.
¿y quién podría cambiar el corazón de los hombres?
Tenía tan poca necesidad de Dios como El de mí, y con frecuencia me decía que, si Dios existiera, iría a su encuentro tranquilamente y le escupiría en la cara."


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Sorvitos de esencia del ayer.