Te ordeno.
No por eso de tenerte claro
Ni por lo otro de encontrarte.
Te ordeno.
Para poder estudiarte,
aprenderte de memoria.
Te ordeno, pero eres un desastre
y perdemos el orden,
las formas
y la vergüenza.
Te ordeno,
o al menos lo intento, porque en cada casualidad me desordenas.
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Sorvitos de esencia del ayer.