lunes, 16 de diciembre de 2013

Fue un domingo de verano cuando comenzó el invierno. Lluvia a las once de la mañana.
Y luego nada.
El tiempo pasa demasiado rápido o demasiado lento cuando esperas, tan solo ese cigarro de las ocho de la tarde parece que pasa rápido entre mis dedos.
El resto es demasiado lento. Las mañanas son más largas porque la cama me agarra con más fuerza que el día. El silencio me habla más bonito que el resto y cuando calla es más agradable.
A veces, tan solo durante un rato parece que el tiempo pasa en su justa medida y es entonces, cuando me asusto más que de costumbre, porque siento que te estás yendo de mi y eso significa que algo de mi se está yendo contigo.

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Sorvitos de esencia del ayer.